Antes de comprometer fechas conviene dejar por escrito los límites de cada etapa. Aquí van las aclaraciones que más consultas generan cuando un taller o una planta industrial pide gatas hidráulicas, tecles de cadena o plataformas de elevación y espera un cronograma cerrado. No son condiciones comerciales: son definiciones operativas que evitan malentendidos entre lo que se cotiza, lo que se despacha y lo que el cliente instala en piso.
Desde la primera llamada hasta el despacho en taller, cada etapa tiene un responsable y un tiempo estimado. Aquí no hay sorpresas: revisamos capacidad de carga, tipo de piso y frecuencia de uso antes de recomendar cualquier gata hidráulica, tecle de cadena o plataforma de elevación. Si un equipo no calza con tu operación, lo decimos en la etapa de evaluación, no después de la factura.
Los plazos cambian según stock en almacén y volumen del pedido. Un taller que repone una sola gata de patín no espera lo mismo que una planta que monta seis plataformas de tijera en dos turnos.
El primer mensaje suele llegar con una duda concreta: qué gata aguanta un chasis bajo, cuántos kilos reales soporta un tecle de dos toneladas en izaje continuo, o si la plataforma de tijera entra por el portón del almacén. Respondemos con preguntas antes de responder con catálogo. Pedimos fotos del área de trabajo, tipo de piso, altura de techo y qué componente se va a levantar. Esa información define si el equipo correcto es manual, hidráulico o eléctrico.
Con los datos del taller armamos una propuesta con capacidad en toneladas, material de los ganchos, tipo de bomba y sistema de bloqueo. Si el cliente trabaja con motores diésel pesados, la recomendación cambia respecto a un taller de autos livianos. Aquí también advertimos las limitaciones: una gata de patín de perfil bajo no reemplaza un elevador de columnas, y un tecle manual no tiene la velocidad de un polipasto eléctrico. Preferimos aclararlo antes de cerrar.
Revisamos disponibilidad en almacén y coordinamos el envío a Trujillo o a provincia. Los pedidos mayoristas se despachan por volumen, con embalaje reforzado para equipos de acero forjado que pesan decenas de kilos. El cliente recibe la guía, el detalle de bultos y las recomendaciones de descarga: no cualquier montacargas maniobra una plataforma de tijera completa. Si hay faltante parcial, se informa en esta etapa y no al momento de la entrega.
Una vez instalado el equipo, explicamos el purgado de la bomba hidráulica, la revisión del nivel de aceite y el chequeo del freno de doble trinquete en tecles de cadena. El seguimiento posterior sirve para detectar desgaste prematuro: cadenas estiradas, sellos que pierden presión o ganchos con deformación. Ese retorno de información nos dice si la capacidad elegida fue la correcta o si el taller necesita subir de tonelaje en la próxima reposición.